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| Fotografía: Antonio Carro |
A veces pienso qué bonito sería poder acariciar el sol a punto de desaparecer. ¿Me dejará algún día acompañarlo en su lenta huida? Le daría mi mano satisfecho de escapar con él tras las obscuras montañas y desvanecerme en sus cálidos brazos.
A veces pienso qué suerte tiene el mar que queda deslumbrado por sus tenues rayos
Qué bonito sería descansar en ese reflejo dorado, contemplando el ocaso con los ojos ya cerrados.
